abril 25, 2024 in Evangelios

Evangelio del 26 de abril del 2024

Viernes de la IV semana de Pascua

Lectionary: 283

Primera Lectura

Hch 13, 26-33

En aquellos días, Pablo continuó su predicación en la sinagoga de Antioquía de Pisidia con estas palabras:

“Hermanos míos, descendientes de Abraham, y cuantos temen a Dios: Este mensaje de salvación les ha sido enviado a ustedes. Los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús, y al condenarlo, cumplieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado: no hallaron en Jesús nada que mereciera la muerte, y sin embargo, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y después de cumplir todo lo que de él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en el sepulcro.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y él, ya resucitado, se apareció durante muchos días a los que lo habían seguido de Galilea a Jerusalén. Ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.

Nosotros les damos la buena nueva de que la promesa hecha a nuestros padres nos la ha cumplido Dios a nosotros, los hijos, resucitando a Jesús, como está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy’’.

Salmo Responsorial

Salmo 2, 6-7. 8-9. 10-11

R. (7) Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya.
El Señor me ha consagrado
como rey de Sión, su ciudad santa.
Anunciaré el decreto del Señor
He aquí lo que me dijo:
R. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya.
“Hijo mío eres tú, yo te engendrado hoy.
Te daré en herencia las naciones,
y como propiedad, toda la tierra.
Podrás gobernarlas con cetro de hierro,
y despedazarlas como jarros”.
R. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya.
Escuchen y comprendan estas cosas,
reyes y gobernantes de la tierra.
Adoren al Señor con reverencia,
sírvanlo con temor.
R. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Jn 14, 6

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie va al Padre si no es por mí, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio

Jn 14, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

Reflexión

En el contexto del Evangelio de Juan, el capítulo 14, versículos 1-6, se nos presenta un momento crucial: la Última Cena. Este es un momento de crisis para los discípulos, pues sienten la proximidad de la partida de Jesús. En medio de la incertidumbre y el temor, Jesús ofrece consuelo y claridad no solo para ellos, sino para todos los que siguen su camino a lo largo de los siglos.

Jesús inicia su enseñanza con un llamado a la tranquilidad: “No se turbe vuestro corazón”. En este instante, Él no solo aborda la ansiedad inmediata de sus seguidores, sino que establece un principio eterno para todos los creyentes. La exhortación a confiar en Dios y en Él mismo se convierte en un pilar de fe, especialmente en tiempos de incertidumbre.

Prosigue revelando la existencia de “muchas moradas” en la casa del Padre, asegurando que la preparación de un lugar para cada uno es una promesa de reunión futura y de pertenencia eterna. Este concepto despliega una visión de una eternidad inclusiva y preparada detalladamente por Dios para sus hijos.

Al declararse “el camino,   la verdad, y la vida”, Jesús no solo se posiciona como el mediador indispensable y exclusivo entre Dios y el hombre, sino que también define su misión en términos absolutos y exclusivos. Su afirmación de ser el único camino al Padre es radical y revolucionaria, desafiando las normas religiosas y culturales de la época y subrayando que la verdadera vida, tanto presente como eterna, se encuentra en su seguimiento.

Esta enseñanza de Jesús tiene implicaciones prácticas significativas para nuestra vida diaria. En un entorno donde las rutas hacia la realización personal y espiritual parecen múltiples y variadas, el mensaje de Jesús es un recordatorio de que la verdadera paz y dirección solo se encuentran en Él. Nos llama a evaluar continuamente nuestras prioridades y el enfoque de nuestra vida. ¿Están alineados nuestros caminos con los de Jesús? ¿Buscamos la verdad en sus enseñanzas y vivimos de manera que reflejamos su vida en nosotros?

Así, este pasaje no solo nos coloca en el umbral de un momento histórico del cristianismo sino que también nos invita a reflexionar sobre nuestra respuesta personal y diaria al llamado de Jesús. Nos desafía a vivir con la certeza de un destino eterno, guiados por su presencia constante como el camino hacia el Padre, la verdad inmutable de su palabra, y la vida plena que sólo Él puede ofrecer.




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