abril 14, 2024 in Evangelios

Evangelio del 15 de abril del 2024

Lunes de la III semana de Pascua

Lectionary: 273

Primera lectura

Hch 6, 8-15

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y signos entre la gente.

Algunos judíos de la sinagoga llamada “de los Libertos”, procedentes de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no podían refutar la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.

Entonces sobornaron a algunos hombres para que dijeran: “Nosotros hemos oído a este hombre blasfemar contra Moisés y contra Dios”.

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; cayeron sobre Esteban, se apoderaron de él por sorpresa y lo llevaron ante el sanedrín. Allí presentaron testigos falsos, que dijeron: “Este hombre no deja de hablar contra el lugar santo del templo y contra la ley. Lo hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret va a destruir el lugar santo y a cambiar las tradiciones que recibimos de Moisés”.

Los miembros del sanedrín miraron a Esteban y su rostro les pareció tan imponente como el de un ángel.

Salmo Responsorial

Salmo 118, 23-24. 26-27. 29-30

R. (1b) Dichoso el que cumple la voluntad del Señor. Aleluya.
Aunque los poderosos se burlen de mí,
yo seguiré observando fielmente tu ley.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría;
ellos son también mis consejeros.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor. Aleluya.
Te conté mis necesidades y me escuchaste;
enséñame, Señor, tu voluntad.
Dame nueva luz para conocer tu ley
y para meditar las maravillas de tu amor.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor. Aleluya.
Apártame de los caminos falsos,
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
He escogido el camino de la lealtad
a tu voluntad y a tus mandamientos.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Mt 4, 4

R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.

Evangelio

Jn 6, 22-29

Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste acá?” Jesús les contestó: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.

Ellos le dijeron: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?” Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”.

Reflexión 

El pasaje del evangelio según San Juan, en su capítulo 6, versículos 22 al 29, nos ofrece una rica perspectiva sobre la búsqueda espiritual y la comprensión de los milagros como signos de una realidad más profunda. Tras la multiplicación de los panes, la multitud, impresionada por el milagro, busca a Jesús no tanto por un anhelo espiritual sino movida por el interés en los beneficios materiales que podría proporcionarles. Esta actitud revela una comprensión superficial de los signos divinos, limitada a lo inmediato y tangible.

Jesús, consciente de sus motivaciones, los desafía a elevar su mirada más allá de lo perecedero, a trabajar no por el alimento que se agota, sino por aquel que perdura para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará. Este alimento eterno simboliza la enseñanza y presencia salvífica de Jesús, un don que trasciende las necesidades físicas y apunta hacia la plenitud espiritual.

En esta interacción, Jesús no solo corrige la percepción errónea de sus seguidores, sino que también les instruye sobre la verdadera naturaleza de la fe. Él los insta a creer en quien ha sido enviado por Dios, es decir, a reconocer y aceptar su misión divina como el centro de la vida espiritual. Esta fe no se basa en la evidencia de los milagros visibles, sino en una comprensión profunda de su persona y su obra.

Históricamente, este pasaje se sitúa en un contexto en el que Jesús intenta mover a su audiencia de una fe superficial, centrada en lo milagroso y espectacular, hacia una fe madura, centrada en su persona y enseñanza. Esta transición es fundamental para entender la evolución de la comunidad cristiana primitiva, que tuvo que aprender a discernir y profundizar en su comprensión de lo que significa ser seguidores de Cristo.

La enseñanza que Jesús ofrece en estos versículos sigue siendo importante hoy, pues invita a reflexionar sobre la calidad de nuestra propia búsqueda espiritual. ¿Buscamos a Dios por lo que puede proporcionarnos de forma inmediata o estamos interesados en una relación más profunda y transformadora con Él? Este pasaje nos alienta a buscar el alimento que nutre no solo el cuerpo, sino también el alma, y a centrar nuestra vida en la fe auténtica en Cristo como el enviado del Padre.




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