octubre 7, 2023 in Actualidad

Papa Francisco dice a los jóvenes: Cuiden la casa común y permanezcan unidos

El Santo Padre envió un mensaje a los participantes en el IV encuentro anual de “Economía de Francisco”, que se efectúa este viernes 6 de octubre en el Instituto Seráfico de Asís, en el que participan miles de jóvenes de modo presencial y virtual. Les pide que se comprometan con un sistema económico que proteja el medioambiente y ofrezca espacio a todos, especialmente a los pobres.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco está feliz de dirigirse a los jóvenes que asisten, tanto virtual como presencialmente, al IV encuentro anual de Economy of Francesco, que tiene lugar este viernes 6 de octubre en Asís. Así lo afirma en su mensaje a los participantes, leído durante el “25-hour event”. El Obispo de Roma expresa su alegría al saber que el trabajo de estos agentes de cambio “para reactivar la economía sigue adelante con fruto, entusiasmo y compromiso”.

Estas palabras llegan a un año del primer encuentro presencial en el que el Pontífice participó el 24 de septiembre de 2022 invitándolos a mirar al mundo con los ojos de los más pobres, a no olvidarse de los trabajadores y a encarnar sus ideas en la realidad cotidiana, en lo concreto.

 

El Sucesor de Pedro les recuerda una frase que ha reiterado varias veces en estos 10 años de Pontificado: “La realidad es superior a la idea”. También confiesa que existe una idea en particular que desde que era un joven estudiante de teología le ha fascinado: en latín se llama coincidentia oppositorum, es decir, la unidad de los opuestos. “Según esta idea, la realidad está formada por polos opuestos, por pares que se oponen entre sí”, explica.

“Algunos ejemplos son lo grande y lo pequeño, la gracia y la libertad, la justicia y el amor, etc. ¿Qué hacer con estos opuestos? Ciertamente, se puede intentar elegir uno y eliminar el otro. O, como sugerían los autores que estaba estudiando, en un intento de reconciliar los opuestos, se podría hacer una síntesis, evitando borrar uno u otro polo, para resolverlos en un plano superior, donde, sin embargo, no se elimina la tensión”.

A partir de esta reflexión, el Papa repite que “toda teoría es parcial, limitada, no puede pretender encapsular o resolver completamente los opuestos. Así es todo proyecto humano”. “La realidad siempre se escapa”, añade, y comenta que, como joven jesuita, esta idea de la unidad de los opuestos le parecía “un paradigma eficaz para comprender el papel de la Iglesia en la historia”. Sin embargo, plantea que, “si se piensa en ello, resulta útil para comprender lo que está ocurriendo en la economía actual. Grandes y pequeños, pobreza y riqueza y muchos otros opuestos están también en la economía”.

La economía como lugar de inclusión y cooperación

“La economía son los puestos de mercado, así como los centros neurálgicos de las finanzas internacionales”, puntualiza Francisco, quien también se refiere a la “economía concreta hecha de caras, miradas, personas, de pequeños bancos y empresas”; “la economía tan grande que parece abstracta de multinacionales, estados, bancos, fondos de inversión”; “la economía del dinero, de primas y salarios muy altos junto a una economía de cuidados, de relaciones humanas, de salarios demasiado bajos para poder vivir bien”

“¿Dónde está la coincidencia entre estos opuestos? Se encuentra en la auténtica naturaleza de la economía: ser un lugar de inclusión y cooperación, una generación continua de valor que se crea y circula con los demás. Lo pequeño necesita de lo grande, lo concreto de lo abstracto, el contrato del regalo, la pobreza de la riqueza compartida”.

Hay oposiciones que no generan armonía alguna

El Santo Padre deja claro que “la economía que mata no coincide con una economía que hace vivir; la economía de enormes riquezas para unos pocos no armoniza desde dentro con los demasiados pobres que no tienen modo de vivir; el gigantesco negocio de las armas nunca tendrá nada en común con la economía de la paz; la economía que contamina y destruye el planeta no encuentra síntesis con la que lo respeta…”.

Y es precisamente en esta toma de conciencia donde, según Francisco, reside el corazón de la nueva economía con la que estos chicos y chicas están comprometidos.

“La economía que mata, que excluye, que contamina, que produce la guerra, no es una economía: otros la llaman economía, pero sólo es un vacío, una ausencia, es una enfermedad, una perversión de la propia economía y de su vocación. Las armas producidas y vendidas para las guerras, los beneficios obtenidos a costa de la piel de los más vulnerables e indefensos, como los que abandonan su tierra en busca de un futuro mejor, la explotación de los recursos y de los pueblos que roban la tierra y la salud: todo esto no es economía, no es un buen polo de la realidad, que hay que mantener. Es sólo intimidación, violencia, es sólo un montaje depredador del que liberar a la humanidad”.

Economía de la tierra y economía del camino

Para ampliar sus consideraciones sobre las tensiones dentro de la economía, explica que “la economía de la tierra procede de la primera acepción de la palabra economía, la del cuidado del hogar”.

“El hogar no es sólo el lugar físico donde vivimos, sino que es nuestra comunidad, nuestras relaciones, son las ciudades que habitamos, nuestras raíces. Por extensión, el hogar es el mundo entero, el único que tenemos, confiado a todos nosotros. Por el mero hecho de nacer, estamos llamados a convertirnos en custodios de esta casa común y, por tanto, en hermanos y hermanas de todos los habitantes de la tierra”.

Para el Papa, “hacer economía significa cuidar la casa común, y esto no será posible si no tenemos ojos entrenados para ver el mundo a partir de las periferias: la mirada de los excluidos, de los últimos”.

Hemos dejado fuera durante siglos la mirada de las mujeres

El Pontífice reprende que, hasta ahora, la mirada sobre el hogar que se ha impuesto ha sido la de los hombres, la de los varones, generalmente del Oeste y del Norte. Y evidencia que “hemos dejado fuera durante siglos -entre otras- la mirada de las mujeres”, considerando que “si hubieran estado presentes, nos habrían hecho ver menos bienes y más relaciones, menos dinero y más redistribución, más atención a los que tienen y a los que no tienen, más realidad y menos abstracción, más cuerpo y menos palabrería”.

Teniendo en cuenta este contexto, enfatiza que “no podemos seguir excluyendo las miradas diferentes de la práctica y la teoría económicas, así como de la vida de la Iglesia”. Por este motivo, para el Santo Padre es una alegría especial ver cuántas mujeres jóvenes son protagonistas de la “Economía de Francisco”.

“La economía integral es aquella que se hace con y para los pobres -en todas las formas en que se es pobre hoy-, los excluidos, los invisibles, los que no tienen voz para ser escuchados”.

Pensar con los pobres y excluidos

Francisco resalta que es fundamental estar en las fallas de la historia y de la existencia. Entretanto, para quienes se dedican al estudio de la economía, también en las periferias del pensamiento, que no son menos importantes. Por consiguiente, anima a preguntarse: “¿Cuáles son hoy las periferias de la ciencia económica?”.

“No basta con pensar sobre y para los pobres, sino con los pobres, con los excluidos. Incluso en teología, hemos ‘estudiado a los pobres’ con demasiada frecuencia, pero hemos estudiado poco ‘con los pobres’: de ser objeto de la ciencia, deben pasar a ser sujetos, porque cada persona tiene historias que contar, tiene un pensamiento sobre el mundo: la primera pobreza de los pobres es estar excluidos de poder opinar, excluidos de la posibilidad misma de expresar un pensamiento que se considere serio. Se trata de la dignidad y el respeto, con demasiada frecuencia negados”.

El bien común requiere un compromiso que te ensucie las manos

Su Santidad afirma que cuando “San Francisco de Asís, tan querido por nosotros, comenzó su revolución, también económica, sólo en nombre del Evangelio, volvió mendigo, errante: se puso en camino, dejando la casa de su padre Bernardone”.

“¿Qué camino, entonces, para quien quiere renovar la economía desde la raíz?”, interpela el Papa.

“El camino del peregrino siempre ha sido arriesgado, entretejido de confianza y vulnerabilidad. Quien lo emprende debe reconocer pronto su dependencia de los demás a lo largo del camino: así, comprende que también la economía es mendiga de otras disciplinas y saberes”.

Y del mismo modo que el peregrino sabe que su viaje será polvoriento, también los jóvenes “saben que el bien común requiere un compromiso que les ensucie las manos”.

“Sólo las manos sucias saben cambiar la tierra: se vive la justicia, se encarna la caridad y, solidarios con los desafíos, perseveráis valientemente en ellos. Ser hoy economistas y empresarios ‘de Francisco’ significa necesariamente ser mujeres y hombres de paz: no dar la paz por la paz”.

Los consejos del Papa a los jóvenes de “Economy of Francesco”

Hacia el final del mensaje, Francisco los incentiva a no tener miedo de las tensiones y de los conflictos, a tratar de habitarlos y humanizarlos, cada día. Les encomienda la tarea de custodiar la casa común y a tener “el valor del camino”. Reconoce que es difícil, pero sabe que pueden hacerlo porque ya lo están haciendo. El Papa sabe, además, que no es inmediato insertar los esfuerzos de estos jóvenes empresarios y economistas y compartir sus sueños en el seno de vuestras Iglesias y entre las realidades económicas de los territorios que habitáis.

“La realidad parece ya configurada, a menudo tan impermeable como un suelo sobre el que no ha llovido durante demasiado tiempo”, escribe.

Los estimula a que no les falten paciencia e ingenio para dar a conocer estos sueños y establecer poco a poco conexiones más estables y fructíferas. “El deseo de un mundo nuevo está más extendido de lo que parece”.

También les pide que no se encierren en sí mismos: “Los oasis en el desierto son lugares a los que todo el mundo debe tener acceso, encrucijadas en las que detenerse y desde las que partir de forma diferente”.

“Permanezcan, pues, abiertos y busquen con determinación y entusiasmo a sus colegas, a sus obispos, a sus conciudadanos”. Y en esta misión, “que los pobres los acompañen”, insta el Papa, solicitándoles dar voz y forma a un pueblo, “porque la concreción de la economía y las soluciones que estáis estudiando y experimentando implican la vida de todos”.

“Hay más espacio para ustedes de lo que parece hoy”, asegura. Por ello, les sugiere permanecer activamente unidos, tendiendo puentes reales entre los continentes sobre cuestiones operativas, que saquen definitivamente a la humanidad de la era colonial y de las desigualdades.

“Den rostros, contenidos y proyectos a una fraternidad universal. Sean pioneros desde dentro de la vida económica y empresarial del desarrollo humano integral”, dice.

Por último, el Papa manifiesta públicamente su confianza en estos jóvenes y les exhorta a no olvidar nunca que los quiere mucho.




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