diciembre 27, 2023 in Santo del día

Santoral del día 1 de enero de 2024 – SOLEMNIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

Este año la Octava de Navidad coincide con el Año Nuevo. Es importante señalar que las fiestas paganas eran sustituidas por fiestas cristianas con el fin de que los creyentes de las iglesias primitivas comenzaran el año de acuerdo con la fe en el Hijo de Dios, celebrando el advenimiento del salvador esperado.

El primer día del año celebramos la solemne fiesta de María, Madre de Dios. Este título se le atribuyó oficialmente a María en el concilio de Éfeso, del año 431; pero ya se había consolidado en la devoción del pueblo cristiano desde el siglo III. En 1931, conmemorando el XV centenario del Concilio de Éfeso, el Papa Pío XI insertó la fiesta litúrgica en el calendario romano general. Con la reforma litúrgica de 1969, pasó a celebrarse el 1 de enero como solemnidad. Este día está así lleno de celebraciones: la Octava de Navidad, la solemnidad de María, Madre de Dios y la Jornada Mundial de la Paz (desde 1968, con Pablo VI).

Los mensajes de este primer día del año son muchos: se nos invita a aprender de la Virgen Madre a “conservar” la Palabra de Dios, y a preguntarnos qué quiere decirnos el Señor Jesús con el paso de los días, sabiendo que estamos bajo el “signo” de la bendición de Dios, como nos recuerda la primera lectura tomada de los Números.

Del Evangelio según san Lucas

16 fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.

17 Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,

18 y todos los que los escuchaban quedaron admirados de que decían los pastores.

19 Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.

20 Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

21 Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.

22 Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,

23 como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”.

Primeros evangelizadores del mundo

En el texto señalado anteriormente se hace ver como los primeros en recibir el anuncio de Cristo son los pastores, que ante tan maravilloso mensaje no se quedan con una actitud pasiva, sino que dejando todo atrás se encaminan al encuentro con Cristo. Era necesario que ellos vieran y tuvieran el encuentro con el Salvador, para que habiendo vivido este evento impactante que cambiaría sus vidas, se convirtieran en los primeros evangelizadores del mundo llevando la buena noticia a todos con los que se relacionaban (versículo 18).

Vivir una experiencia profunda de Dios, llena al hombre de gratitud y asombro ante al amor y misericordia de Dios, y de esta experiencia nace una fuerza incontenible que hace dar Gloria a Dios y crea la necesidad de compartir el tesoro que se ha hallado.

Dice la escritura en Rom 3:23 “todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” y como reos de muerte a los cuales se les ha perdonado la vida, la alegría de este perdón nos insta a proclamarlo a toda la humanidad y a través de todo el tiempo.

María, la Theotokos

María es la Madre de Dios porque es la Madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Por eso ella puede llevarnos a su Hijo mejor que nadie, porque nadie sabe cómo ella quién es Jesús, y nadie sabe relacionarse con Él mejor que ella. María es la Madre que ante las palabras de los pastores comprende inmediatamente que ese Niño no es sólo “su Hijo”: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”, dirá un día Jesús (Lc 8,19-21). Ella, que lo llevó en su vientre durante nueve meses, debe ahora recibirlo cada día sabiendo escuchar a quienes el Señor le permite encontrar: los pastores, los Magos, Simeón y Ana… porque cada uno “revela” algo sobre la identidad de Jesús y su misión.

Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita.

(la oración mariana más antigua)




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