mayo 18, 2024 in Evangelios

Evangelio del 19 de mayo del 2024

Domingo de Pentecostés
Misa del día

Lectionary: 63

Primera Lectura

Hch 2,1-11

El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: “¿No son galileos, todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua”.

Salmo Responsorial

Del Salmo 103

R. (cf  30) Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Bendice, al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor!
La tierra llena está de tus creaturas.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Si retiras tu aliento,
toda creatura muere y vuelve al polvo.
Pero envías tu espíritu, que da vida,
y renuevas el aspecto de la tierra. R.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Que Dios sea glorificado para siempre
y se goce en sus creaturas.
Ojalá que le agraden mis palabras
y yo me alegraré en el Señor. R.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.

Segunda Lectura

1 Co 12,3b-7. 12-13

Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús “Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

O bien:
Gal 5, 16-25

Hermanos: Los exhorto a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu; así no se dejarán arrastrar por el desorden egoísta del hombre. Este desorden está en contra del Espíritu de Dios, y el Espíritu está en contra de ese desorden. Y esta oposición es tan radical, que les impide a ustedes hacer lo que querrían hacer. Pero si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley.

Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre: la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería, las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras, las orgías y otras cosas semejantes. Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios.

En cambio, los frutos del Espíritu Santo son: el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo. Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas.

Y los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo, junto con sus pasiones y malos deseos. Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu.

Secuencia

Veni, Sancte Spiritus

Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.

Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,
amable huésped de alma,
paz en las horas de duelo.

Eres pausa en al trabajo;
brisa, en un clima de fuego;
consuelo, en medio del llanto.

Ven, luz santificadora,
y entra hasta el fondo del alma
de todos los que te adoran.

Sin tu inspiración
divina los hombres nada
podemos y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestras desiertos
y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia,
calienta nuestras frialdad,
endereza nuestras sendas.

Concede a aquellos que ponen
en ti su fe y su confianza
tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos,
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
R. Aleluya.

Evangelio

Jn 20,19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado.

Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

O bien:
Jn 15, 26-27; 16, 12-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

Reflexón

En el contexto cristiano, Pentecostés se celebra el quincuagésimo día después de la Pascua y conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y otros seguidores de Jesús, como se describe en el capítulo 2 del libro de los Hechos de los Apóstoles. Este evento marca el nacimiento de la Iglesia cristiana y el inicio de su misión evangelizadora en el mundo.

En este pasaje Juan 20, 19-23 , Jesús se presenta ante sus discípulos después de la resurrección. Los encuentra reunidos y llenos de temor. Al aparecerse en medio de ellos, sus primeras palabras son: “La paz esté con ustedes”. Este saludo no es solo una expresión de buenos deseos, sino una verdadera impartición de serenidad y reconciliación.

Pentecostés marca un momento trascendental en la vida de los creyentes. En esta ocasión, Jesús sopla sobre sus discípulos y les dice: “Reciban el Espíritu Santo”. Este acto simboliza una nueva creación, un nuevo comienzo para la humanidad redimida. El Espíritu que Jesús les concede es el mismo que animó su misión y que ahora capacitará a los discípulos para continuarla.

Para nosotros hoy, este evento nos recuerda que no estamos solos en nuestra jornada de fe. El Espíritu Santo, el Consolador, está siempre presente para guiarnos, fortalecernos y capacitarnos en nuestra misión. A través de la presencia del Espíritu, somos transformados y equipados para ser testigos de Cristo en nuestro entorno.

En nuestra vida diaria, podemos experimentar este regalo divino de diversas maneras. En momentos de dificultad, el Espíritu nos ofrece consuelo y dirección. Cuando enfrentamos decisiones importantes, su sabiduría nos ilumina. En nuestra interacción con los demás, su amor nos impulsa a actuar con compasión y justicia.

Pentecostés también nos desafía a ser agentes de reconciliación en un mundo dividido. Así como Jesús otorgó a sus discípulos el poder de perdonar, nosotros somos llamados a ser instrumentos de paz y reconciliación en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo. Este llamado no es una tarea fácil, pero con la ayuda del Espíritu, podemos superar las barreras de resentimiento y conflicto, y promover la armonía y el entendimiento.

Al celebrar Pentecostés, renovemos nuestro compromiso de vivir guiados por el Espíritu Santo. Permitamos que su presencia transforme nuestras vidas y nos haga instrumentos de su amor y paz. Que nuestra comunidad parroquial sea un reflejo de la unidad y la alegría que el Espíritu nos ofrece, irradiando su luz a todos los que nos rodean.




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