Publicaciones Diarias

mayo 2, 2024 in Evangelios

Evangelio del 3 de mayo del 2024

Fiesta de los Santos Felipe y Santiago, Apóstoles

Lectionary: 561

Primera lectura

1 Cor 15, 1-8
Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles. Finalmente, se me apareció también a mí.

Salmo Responsorial

Salmo 18, 2-3. 4-5
R. (5a) El mensaje del Señor llega a toda la tierra.
Los cielos proclaman la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día comunica su mensaje al otro día
y una noche se lo transmite a la otra noche.
R. El mensaje del Señor llega a toda la tierra.
Sin que los cielos pronuncien una palabra,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra llega su sonido
y su mensaje hasta el fin del mundo.
R. El mensaje del Señor llega a toda la tierra.

Aclamación antes del Evangelio

Jn 14, 6. 9
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida, dice el Señor.
Felipe, el que me ve a mí, ve también al Padre.
R. Aleluya.

Evangelio

Jn 14, 6-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.

Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre”.

Reflexión

En el capítulo catorce del Evangelio de Juan, versículos 6-14 nos encontramos con palabras de profundo consuelo y afirmación por parte de Jesús, quien se revela como el camino, la verdad y la vida. “Nadie viene al Padre sino por mí”, declara con convicción. En este diálogo íntimo, Jesús no solo se identifica como la ruta hacia el Padre, sino que también subraya su unidad indisoluble con Él, prometiendo que aquellos que crean en Él harán obras incluso mayores.

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la exclusividad de Jesús como mediador entre Dios y la humanidad. Al afirmarse como “el camino”, Jesús ofrece una dirección clara y decisiva en un mundo que a menudo parece perdido en laberintos de incertidumbre. Al ser “la verdad”, ilumina nuestras mentes, despejando las sombras de la duda y el error. Al proclamarse “la vida”, Jesús se convierte en la fuente de toda existencia y el sustento espiritual que nos anima a seguir adelante, incluso en los momentos más oscuros.

Además, este pasaje resalta la potencia de la oración en nombre de Jesús. Él asegura que cualquier cosa que pidamos en su nombre será concedida, no como un gesto de indulgencia divina, sino como una confirmación de la fe que depositamos en sus palabras y en su misión. Esta promesa amplía nuestra comprensión de la oración, no solo como un medio de petición, sino como un acto de profunda comunión con lo divino.

En un nivel más personal, el llamado de Jesús a hacer obras mayores nos impulsa a mirar más allá de nuestras limitaciones humanas. Nos desafía a expandir nuestros horizontes, a abrazar plenamente el potencial que se nos ha otorgado a través de su Espíritu. En la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, ¿cómo estamos extendiendo el amor, la verdad y la vida que Jesús personifica? ¿Cómo estamos utilizando nuestras capacidades para reflejar su luz en un mundo que, a menudo, navega por la oscuridad?

Este diálogo de Jesús con sus discípulos, rico en promesas y en desafíos, nos insta a reevaluar nuestra trayectoria espiritual. Nos recuerda que, a través de la fe en Él, somos capacitados no solo para seguirlo sino para liderar en su nombre, llevando consuelo, verdad y vida a los rincones más necesitados de nuestro mundo. Así, nuestro caminar diario se convierte en una viva manifestación de su amor redentor, una prueba tangible de su presencia continua en nuestras vidas.

 




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