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marzo 1, 2024 in Evangelios

Reflexión del 2 de marzo del 2024

Sábado de la II semana de Cuaresma

Lectionary: 235

Primera lectura

Mi 7, 14-15. 18-20
Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu cayado,
al rebaño de tu heredad,
que vive solitario entre malezas
y matorrales silvestres.
Pastarán en Basán y en Galaad,
como en los días de antaño,
como cuando salimos de Egipto
y nos mostrabas tus prodigios.¿Qué Dios hay como tú, que quitas la iniquidad
y pasas por alto la rebeldía de los sobrevivientes de Israel?
No mantendrás por siempre tu cólera,
pues te complaces en ser misericordioso.Volverás a compadecerte de nosotros,
aplastarás con tus pies nuestras iniquidades,
arrojarás a lo hondo del mar nuestros delitos.
Serás fiel con Jacob y compasivo con Abraham,
como juraste a nuestros padres en tiempos remotos,
Señor, Dios nuestro.

Salmo Responsorial

Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
R. (8a) El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía,
y no te olvides de sus beneficios.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor perdona tus pecados
y cura tus enfermedades;
él rescata tu vida del sepulcro
y te colma de amor y de ternura.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor no estará siempre enojado,
ni durará para siempre su rencor.
No nos trata como merecen nuestras culpas,
ni nos paga según nuestros pecados.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Como desde la tierra hasta el cielo,
así es de grande su misericordia;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Aclamación antes del Evangelio

Lc 15, 18
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Me levantaré, volveré a mi padre y le diré:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio

Lc 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ “.

Reflexión

El relato del hijo pródigo en Lucas nos ofrece una conmovedora exploración sobre el derecho, las segundas oportunidades y las diferentes perspectivas sobre la generosidad. A primera vista, la atención parece centrarse en el hijo menor, cuya rebeldía imprudente y posterior regreso son la pieza central de la historia. Sin embargo, también es una historia sobre el hijo mayor y su reto ante la idea de  ignorar, callar, evadir.

El hijo menor cae presa de una peligrosa combinación: impaciencia y un falso sentido de propiedad. Olvida que su posición es la de un hijo, no la de un heredero único. No detalla los dones ya presentes en su vida, centrándose únicamente en lo que cree que es legítimamente suyo. No expresa gratitud ni comunica un plan a su padre, revelando una total falta de respeto por su posición dentro de la familia. Fundamentalmente, su derecho lo ciega, haciéndolo incapaz de abordar las posibles consecuencias de sus acciones.

La espiral descendente del hijo menor hacia la dificultad sirve como un duro recordatorio de que malgastar las bendiciones puede conducir a circunstancias imprevistas y terribles. Sin embargo, este punto bajo también se convierte en su catalizador para el cambio. Al tocar fondo, finalmente se ve obligado a confrontar el error de sus caminos.

El  verdadero poder de la parábola reside en la representación del padre. Vemos a un hombre no atado por el orgullo o un rígido sentido de justicia. Omite mencionar las ofensas de su hijo cuando regresa, sino que lo recibe incondicionalmente. El énfasis no está en el castigo, sino en la restauración

Es esta misma generosidad ilimitada con la que tropieza el hijo mayor. Relata sus años de servicio, expresa sus quejas y finalmente no logra abordar el núcleo de su propio descontento. Está centrado en las ganancias materiales y en lo que considera que le corresponde, mostrando una perspectiva basada en el interés personal sobre su relación con su padre.  Le falta empatía con el verdadero espíritu de celebración: no solo por el regreso físico, sino por un corazón que se perdió pero ahora se encuentra.

La parábola invita a la reflexión personal. ¿Hay momentos en los que nos parecemos al hijo menor, exigiendo descuidadamente lo que no hemos ganado, sin gratitud por los regalos y las oportunidades que se nos han dado? O, ¿somos como el hijo mayor, atrapados en una mentalidad de comparación y resentimiento, incapaces de ver más allá de una comprensión superficial del amor y la generosidad?

La bienvenida incondicional del padre se erige como un desafío constante, un recordatorio de que incluso en nuestros errores, existe un camino de regreso a la plenitud. Es un llamado a liberar el registro de errores que podamos tener, a priorizar la relación y la alegría genuina, y a reconocer que la verdadera generosidad de espíritu trasciende lo que se puede medir o ganar.




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