Sábado de la primera semana del Adviento

Lectionary: 180

Primera lectura

Is 30, 19-21. 23-26
Esto dice el Señor Dios de Israel:
«Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén,
ya no volverás a llorar.
El Señor misericordioso, al oír tus gemidos,
se apiadará de ti y te responderá, apenas te oiga.
Aunque te dé el pan de las adversidades
y el agua de la congoja,
ya no se esconderá el que te instruye;
tus ojos lo verán.
Con tus oídos oirás detrás de ti una voz que te dirá:
‘Éste es el camino.
Síguelo sin desviarte,
ni a la derecha, ni a la izquierda’.El Señor mandará su lluvia
para la semilla que siembres
y el pan que producirá la tierra
será abundante y sustancioso.
Aquel día, tus ganados pastarán en dilatadas praderas.
Los bueyes y los burros que trabajan el campo,
comerán forraje sabroso,
aventado con pala y bieldo.

En todo monte elevado y toda colina alta,
habrá arroyos y corrientes de agua
el día de la gran matanza,
cuando se derrumben las torres.
El día en que el Señor vende las heridas de su pueblo
y le sane las llagas de sus golpes,
la luz de la luna será como la luz del sol;
será siete veces mayor,
como si fueran siete días en uno».

Salmo Responsorial

Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6
R. (Is 30, 18) Alabemos al Señor, nuestro Dios.
Alabemos al Señor, nuestro Dios,
porque es hermoso y justo el alabarlo.
El Señor ha reconstruido Jerusalén
y a los dispersos de Israel los ha reunido.
R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.
El Señor sana los corazones quebrantados
y venda las heridas,
tiende su mano a los humildes
y humilla hasta el polvo a los malvados.
R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.
El puede contar el número de estrellas
y llama a cada una por su nombre.
Grande es nuestro Dios, todo lo puede;
su sabiduría no tiene límites.
R. Alabemos al Señor, nuestro Dios.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
El Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey;
él vendrá a salvarnos.
R. Aleluya.

Evangelio

Mt 9, 35–10, 1. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos».

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: «Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».

Reflexión

En este pasaje del Evangelio según San Mateo, se nos presenta una visión inspiradora de Jesús en acción, un modelo para nuestra propia conducta y participación en la comunidad de fe.

Jesús, recorriendo ciudades y aldeas, se muestra no como un observador pasivo de la adversidad humana, sino como alguien profundamente involucrado y compasivo. Sus actos de enseñanza, proclamación del Evangelio y sanación, abordan tanto las necesidades físicas como las espirituales y emocionales de las personas. Esta doble atención de Jesús es un llamado para nosotros a reconocer y responder a las necesidades multifacéticas de aquellos a nuestro alrededor.

La metáfora de las multitudes como «ovejas sin pastor» evoca imágenes de vulnerabilidad y desamparo. Jesús responde a esta necesidad con un amor protector y orientador, un ejemplo que nos desafía a actuar con empatía y cuidado hacia aquellos que encontramos en nuestras vidas cotidianas que pueden sentirse perdidos o desatendidos.

El tema de la abundante cosecha y la escasez de trabajadores resalta la urgente necesidad de personas dispuestas a involucrarse activamente en la misión del Evangelio. Este llamado a la acción no se limita a unos pocos, sino que se extiende a todos nosotros, animándonos a utilizar nuestros talentos y capacidades únicos en el servicio de los demás.

La autoridad y poder dados a los doce discípulos subrayan la idea de que todos tenemos un papel vital que desempeñar en la vida de la Iglesia. Somos empoderados, no solo para enfrentar nuestras propias luchas, sino también para contribuir activamente al bienestar y crecimiento de la comunidad de fe.

El llamado de Jesús a ejercer el poder recibido de manera gratuita es una poderosa exhortación a vivir una vida de servicio generoso y desinteresado. En una sociedad donde a menudo prevalecen los intereses personales, se nos recuerda mirar más allá de nuestras propias necesidades para servir a los demás con un espíritu de generosidad y amor.

Este pasaje nos desafía a adoptar la perspectiva de Jesús, mirando al mundo con compasión y amor activo. Se nos anima a ser participantes activos en la misión del Evangelio, utilizando nuestros dones y habilidades para servir a los demás. Este enfoque de servicio no solo atiende a las necesidades de aquellos a nuestro alrededor, sino que también nos transforma, permitiéndonos ser fuentes de luz y esperanza en nuestro entorno.

Mateo 9:35–10:1, 6-8 nos impulsa a ver más allá de nosotros mismos, a involucrarnos activamente en el servicio y a responder a las necesidades de nuestro mundo con un corazón lleno de amor y misericordia. En un mundo plagado de desafíos y dificultades, estas enseñanzas de Jesús nos ofrecen una guía valiosa para vivir una vida de fe activa y comprometida.

1 comentario
  1. Muy importante la reflexión del evangelio una invitación a dar a conocer la palabra de Dios.

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