Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

Primera lectura

Is 7, 10-14
En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: «Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo, o de arriba, en lo alto». Contestó Ajaz: «No la pediré. No tentaré al Señor».
Entonces dijo Isaías: «Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros».

Salmo Responsorial

sal 66, 2-3, 5, 7-8

R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Ten piedad de nosotros y bendícenos;

vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.

Que conozca la tierra tu bondad

y los pueblos tu obra salvadora. R/.

R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.
Las naciones con júbilo te canten,

porque juzgas al mundo con justicia;

con equidad tú juzgas a los pueblos

y riges en la tierra a las naciones. R/.

R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos.

Que te alaben, Señor todos los pueblos,

que los pueblos te aclamen todos juntos.

Qué nos bendiga Dios

y que le rinda honor el mundo entero. R/.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.

Dichosa tú, santísima Virgen María,
y digna de toda alabanza,
porque de ti nació el sol de justicia,
Jesucristo, nuestro Dios.

R. Aleluya.

Evangelio

Lc 1, 39-48

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava”.

Reflexión

La fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, celebrada el 12 de diciembre, conmemora la aparición de la Virgen María al indígena Juan Diego en el cerro del Tepeyac en 1531. Este acontecimiento es fundamental en la fe y la cultura de México y de gran parte de América Latina, siendo un símbolo de unidad y esperanza que trasciende fronteras culturales y sociales. La imagen de la Virgen de Guadalupe representa no solo un milagro, sino también un punto de encuentro entre diferentes mundos y tradiciones.

El Evangelio de Lucas 1:39-48 nos lleva a un momento íntimo y poderoso en la vida de María. Tras recibir el anuncio del ángel Gabriel, María visita a su prima Isabel. Este encuentro es notable, ya que Isabel, también milagrosamente embarazada, bendice a María y al fruto de su vientre. María responde con el Magníficat, un cántico de alabanza que refleja su humildad y su profunda fe.

Este pasaje, resalta la humildad y la disposición de María a servir a Dios. Su «sí» incondicional, muestra su completa confianza y entrega a la voluntad divina. En el Magníficat, María proclama la grandeza de Dios y su misericordia a lo largo de todas las generaciones, destacando así la continuidad de la promesa de Dios y su fidelidad hacia los humildes y los marginados.

El viaje de María para visitar a Isabel también es un acto de solidaridad y cuidado. Esta conexión entre las dos mujeres resalta la importancia de la comunidad y el apoyo mutuo, valores que son centrales en la devoción a la Virgen de Guadalupe. La Virgen apareció a un humilde indígena, eligiendo un intermediario simple y sincero para transmitir su mensaje, similar cómo María misma fue elegida por su humildad y fe.

El Magníficat, con su mensaje de esperanza y justicia, resuena con las aspiraciones de los marginados y oprimidos. María celebra la acción de Dios que derriba a los poderosos y eleva a los sencillos, un tema que encuentra eco en la veneración de la Virgen de Guadalupe, quien se ha convertido en un símbolo de justicia social y empoderamiento para muchos.

En conclusión, tanto en el relato bíblico como en la tradición guadalupana, María emerge como una figura de profunda fe, humildad y compromiso con los desfavorecidos. Su ejemplo nos inspira a vivir con una fe profunda, a buscar la justicia y a apoyarnos mutuamente en comunidad, recordándonos que Dios a menudo obra a través de lo simple y lo sencillo  para revelar su amor y misericordia.

Deja una respuesta