Con la llegada del tiempo de Adviento, los cristianos preparamos nuestro corazón para la venida del Señor con oración más intensa y obras buenas. Una antigua tradición que simboliza muy bien ese espíritu de alerta gozosa es la corona de Adviento.

Esta guirnalda con cuatro velas nos recuerda las cuatro semanas previas a la Navidad, invitándonos a ir encendiendo progresivamente su luz en medio de la oscuridad, así como nuestra fe y caridad se reavivan en espera del Niño Jesús.

Conozcamos algo más sobre el origen y significados de esta hermosa costumbre en preparación para las fiestas navideñas. Dejémonos alumbrar por Aquel que vino como Luz del mundo, iluminando a toda persona.

Viajemos unos siglos atrás para conocer su origen. Cuentan los historiadores que la primera corona surgió en el siglo XIX en Hamburgo, Alemania. El contexto histórico es importante. Era una época difícil para las comunidades alemanas. Las condiciones económicas de posguerra habían dejado una situación precaria en muchas familias. Los inviernos eran extremadamente crudos. La fe empezaba a perder fuerza en algunas congregaciones. 

Fue entonces que Johann Hinrich Wichern, un pastor luterano de Hamburgo, tuvo una idea. Buscaba una forma de motivar a sus feligreses y reavivar el espíritu navideño entre tanta oscuridad. Así que con ramas verdes de abeto, listones rojos que simbolizaban la sangre de Cristo, y cuatro gruesas velas blancas, el pastor elaboró la primera corona de adviento allá por 1839.

La propuesta del pastor era sencilla pero profunda: encender una vela cada domingo previo a la Navidad, como símbolo de que la luz de Cristo se acercaba para iluminar el camino tras cuatro semanas en penumbra. Ese cálido resplandor semanal era un llamado a la esperanza. Recordaba que por más larga que sea la noche, la alborada termina llegando. Así como el nacimiento de Jesús disipaba toda oscuridad.

La corona de adviento del pastor Wichern cautivó los corazones de los fieles. Pronto, esa inspiradora tradición se esparció por comunidades menos favorecidas para compartir un mensaje de fe y aliento. Se adoptó la costumbre de encender las velas no solo en el templo, sino al interior de cada hogar. Con el tiempo, esas primeras coronas rústicas de madera y listones fueron reemplazadas por elaboradas piezas decorativas con lazos, flores y cristalería. Pero el significado siempre fue el mismo: mantener viva la llama de esperanza.

Hay una conexión profunda entre las comunidades alemanas donde nacieron las coronas de adviento y nuestras propias comunidades. Al igual que ellos, también enfrentamos épocas difíciles, inviernos crudos a nivel espiritual cuando la fe amenaza con extinguirse entre tanta noticia desalentadora. Es ahí cuando debemos aferrarnos a la tradición del humilde pastor que buscó motivar a sus fieles con una corona de esperanza en medio de la adversidad. De la misma forma, en conjunto, como comunidad, alrededor de nuestra propia corona podemos avivar esa llama compartida que ilumine con más fuerza que la vela más tenue.

Que las cuatro velas en círculo representen los cuatro valores que nuestras comunidades necesitan hoy más que nunca: la fe para creer en el prójimo, la esperanza para un futuro mejor, el amor para tender la mano al necesitado y la alegría como combustible que mueve y da sentido a la vida.

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