Martes de la primera semana de Adviento

Lectionary: 176

Primera lectura

Is 11, 1-10
En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé,
un vástago florecerá de su raíz.
Sobre él se posará el espíritu del Señor,
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de piedad y temor de Dios.No juzgará por apariencias,
ni sentenciará de oídas;
defenderá con justicia al desamparado
y con equidad dará sentencia al pobre;
herirá al violento con el látigo de su boca,
con el soplo de sus labios matará al impío.
Será la justicia su ceñidor,
la fidelidad apretará su cintura.

Habitará el lobo con el cordero,
la pantera se echará con el cabrito,
el novillo y el león pacerán juntos
y un muchachito los apacentará.
La vaca pastará con la osa
y sus crías vivirán juntas.
El león comerá paja con el buey.

El niño jugará sobre el agujero de la víbora;
la creatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago
por todo mi monte santo,
porque así como las aguas colman el mar,
así está lleno el país de la ciencia del Señor.

Aquel día la raíz de Jesé se alzará
como bandera de los pueblos,
la buscarán todas las naciones
y será gloriosa su morada.

Salmo Responsorial

Sal 71, 2. 7-8. 12-13. 17
R. (cf. 7) Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Comunica, Señor, al rey tu juicio
y tu justicia, al que es hijo de reyes;
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres
y regirá a tu pueblo justamente.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Florecerá en sus días la justicia
y reinará la paz, era tras era.
De mar a mar se extederá su reino
y de un extremo al otro de la tierra.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Al débil librará del poderoso
y ayudará al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre
y salvará la vida al desdichado.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Que bendigan al Señor eternamente
y tanto como el sol, viva su nombre.
Que sea la bendición del mundo entero
y lo aclamen dichoso las naciones.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder
para iluminar los ojos de sus hijos.
R. Aleluya.

Evangelio

Lc 10, 21-24

En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: «¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

Reflexión

El fragmento de Lucas 10:21-24 ofrece una visión íntima y conmovedora de Jesús, expresando su gratitud y alegría al Espíritu Santo. Este momento encapsula enseñanzas profundas y significativas, que nos invitan a explorar nuestra propia fe y cómo esta se entrelaza con las realidades de nuestra vida diaria. Al sumergirnos en este texto, encontramos valiosas lecciones sobre humildad, revelación y la relación entre lo divino y lo humano.

En su expresión de júbilo, Jesús agradece al Padre por revelar los secretos del Reino no a los sabios y entendidos, sino a aquellos que son como niños en su fe. Aquí radica una profunda enseñanza sobre la humildad y la sencillez. En la actualidad, en donde a menudo la sociedad valora la sofisticación y el conocimiento intelectual, Jesús nos recuerda que la verdadera sabiduría y comprensión espiritual a menudo se encuentran en un corazón puro y abierto. Este mensaje es un llamado a adoptar una postura de humildad y disposición para aprender y crecer en nuestra relación con Dios.

Además, el Evangelio nos desafía a apreciar la naturaleza especial de nuestra posición como testigos de la revelación de Cristo. Jesús señala que muchos profetas y reyes anhelaron ver lo que sus discípulos veían, pero no lo lograron. En nuestro tiempo, esto nos impulsa a reflexionar sobre el valor de nuestra fe y el acceso que tenemos a la comprensión de verdades divinas. ¿Cómo estamos respondiendo a este regalo? ¿Estamos compartiendo esta riqueza con otros en nuestro entorno?

La alegría que Jesús muestra en este pasaje también nos habla del enfoque con el que debemos acercarnos a nuestra fe. En una era donde la religiosidad puede volverse rutinaria o académica, Jesús nos invita a redescubrir el gozo y la maravilla en nuestra relación con Dios. Nos anima a buscar una conexión más profunda y alegre con lo divino, una que transforme nuestra experiencia diaria y enriquezca nuestras interacciones con los demás.

Este pasaje también nos lleva a considerar cómo nuestra comprensión de Dios afecta nuestras acciones y relaciones cotidianas. La actitud de Jesús, llena de agradecimiento y humildad, nos desafía a vivir de manera que refleje estos valores. Nos hace preguntarnos: ¿Cómo podemos incorporar estas virtudes en nuestras vidas? ¿De qué forma podemos ser ejemplos vivos de la enseñanza de Cristo en el mundo moderno?

El segmento del evangelio  no solo nos llama a reflexionar sobre la naturaleza de nuestra fe, sino que también nos desafía a vivir de manera que refleje las enseñanzas de Jesús sobre la humildad, la gratitud y la alegría. Nos invita a ser conscientes de la riqueza de la revelación que poseemos y a buscar maneras de compartir esta bendición con los que nos rodean. A través de una vida marcada por la humildad y la alegría en nuestra fe, podemos ser luces en el mundo, llevando el mensaje de esperanza y amor de Cristo a todos los rincones de nuestra vida diaria.

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