octubre 9, 2023 in Evangelios

Lecturas del día 10 de octubre de 2023

Primera lectura

Jon 3, 1-10
En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: “Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar”.

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: “Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos”.

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Salmo Responsorial

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 7-8
R. (3) Perdónanos, Señor, y viviremos.
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti;
Señor, escucha mi clamor;
que estén atentos tus oídos
a mi voz suplicante.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Si conservaras el recuerdo de las culpas
¿quién habría, Señor, que se salvara?
Pero de ti procede el perdón,
por eso con amor te veneramos.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Como aguarda a la aurora el centinela,
aguarda Israel al Señor,
porque del Señor viene la misericordia,
y abundancia de la redención,
y él redimirá a su pueblo
de todas sus iniquidades.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Aclamación antes del Evangelio

Lc 11, 28
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la ponen en práctica, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio

Lc 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.

El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.

Palabra de Dios, te alabamos Señor.

Reflexión

“Los ninivitas creyeron en Dios por la predicación de Jonás”

Cuando Jonás recibe el mandato de Dios de ir a profetizar a Nínive, huye asustado por la envergadura de la misión, pero fracasa en su huida. Sin embargo Dios lo vuelve a enviar, y llama la atención que no le recuerda su rebeldía, sino que, como si fuera la primera vez, lo envía a la gran ciudad. Así Dios le muestra su misericordia con él, olvidando su desobediencia.

Jonás se puso en camino con poca confianza, pensando que era una pérdida de tiempo, pero para su sorpresa, el pueblo creyó en Dios al escuchar sus palabras y todos se convirtieron, dando muestras de un cambio de vida tal, que Dios se arrepintió del castigo que había preparado para ellos y les perdonó.

Cuánto tenemos que aprender de este pasaje. Todos los bautizados somos profetas, hemos recibido la misión de anunciar al mundo la buena noticia de la salvación, pero cuando ese anuncio implica denunciar la mala conducta no nos gusta mucho, como le pasó a Jonás y damos media vuelta. Hoy, esta Palabra de Dios es un toque de atención para nosotros, porque la salvación de muchas personas va a depender de nosotros. En nuestro entorno, en nuestras familias… tenemos que anunciar la Verdad del Evangelio sin dobleces ni paños calientes. Qué triste sería que después les escucháramos decir: “Como vamos a creer si nadie nos ha predicado”.

“María ha escogido la mejor parte y no se la quitaran”

Este pasaje evangélico es muy conocido, y ha sido muy comentado. Marta y María representan dos maneras diferentes de comportarnos en nuestras relaciones con las personas.

Cuando Jesús llega a su casa Marta se preocupa de que no le falte nada, pero a lo mejor ni siquiera ha preguntado si quiere algo, da por hecho que tiene hambre; María, se para a escuchar a Jesús, centra toda su atención en sus palabras y disfruta de su presencia. Esa es la mejor parte que no le será arrebatada.

El Evangelio dice que Marta servía, pero es claro que su servicio no es auténtico, no brota del amor, por eso reprocha a su hermana. Cuando surge la murmuración en nuestro corazón, y más si llega a los labios, se pone de manifiesto que nuestras obras no buscan la gloria de Dios sino la vanagloria humana. Si el motor del servicio de Marta hubiera sido el amor, no le hubiera importado que María no le ayudase. Las cosas que no hacemos por amor nos aplastan, nos ponen de mal humor.

Jesús es claro en su respuesta a Marta: “María ha elegido la mejor parte y no se la quitarán”, porque el amor es eterno. Servir es una expresión de amor, pero servir a regañadientes es más bien egoísmo. ¡No nos engañemos!




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