[divider] HISTORIA DE LOS JESUITAS EN COSTA RICA[divider]

En tiempos de la Colonia nada se supo acerca de los jesuitas en Costa Rica.  Éstos realizaron su misión en otros lugares de Centroamérica, especialmente en Guatemala y Panamá.  De modo que cuando comunicaron de Guatemala, en 1767, el Decreto de expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios españoles, el gobernador tuvo que contentarse con decir que aquí no había jesuitas; y cuando en 1816 recibió la noticia del restablecimiento de la Orden se dio simplemente por notificado.

ANSELMO LLORENTE y LAFUENTE

Mons. Anselmo Llorente y Lafuente

Los jesuitas llegaron por primera vez a territorio costarricense en enero de 1853, cuando provenientes de Ecuador, de donde habían sido expulsados, un grupo de ellos desembarcaron en Puntarenas.  Solicitaron asilo al gobierno de Costa Rica, pero éste, dada las controversias que ocasionaban la presencia de estos religiosos, sólo les concedió permiso para permanecer en nuestro país el tiempo necesario mientras solicitaban asilo en Guatemala.  Durante esta breve estadía acompañaron a Mons. Anselmo Llorente y Lafuente, primer obispo de Costa Rica, en su primera visita pastoral a Puntarenas y Guanacaste, entre finales de enero y mediados de marzo.  Después de esta breve actividad pastoral continuaron su viaje a Guatemala.

Posteriormente, Mons. Llorente y Lafuente hizo varios intentos para que la Compañía de Jesús volviera a nuestro país; pero no tuvo éxito.  Finalmente, después de muchas vicisitudes, durante la administración del General Tomás Guardia los jesuitas se establecieron en Costa Rica.   Llegaron a San José a finales de 1875 y, por petición de los padres de familia de Cartago, se les encomendó el Colegio San Luis Gonzaga.  El 13 de febrero de 1876 dio inicio el curso lectivo en este colegio bajo la dirección de los jesuitas.  Además del trabajo en el colegio, desarrollaron otros ministerios, con gran edificación para la población y en medio de una fuerte oposición por parte de los sectores liberales y masones del país.

La labor pastoral que los jesuitas estaban desarrollando se vio truncada por el decreto firmado el 18 de julio de 1884 por don Próspero Fernández, presidente de República, mediante el cual se expulsaba del país a Mons. Bernardo Augusto Thiel, obispo de Costa Rica, y a los jesuitas.  Esa misma mañana salieron de Cartago hacia San José; y de allí a Limón.  Después de varios días de espera, se embarcaron en un vapor estadounidense, que se dirigía a Nueva York, el 24 de julio.  El vapor se detuvo en Jamaica y allí desembarcaron los jesuitas.

Treinta y ocho años después de la expulsión de los jesuitas, con las Leyes Liberales decretadas por don Próspero Fernández, el 30 de julio de 1942 el Congreso de Costa Rica deroga dichas leyes, siendo presidente de la República don Rafael Angel Calderón Guardia.

Con esto se abría el camino para que los jesuitas entraran al país.  El primer intento de traerlos de nuevo lo hizo Mons. Víctor Manuel Sanabria Martínez en 1946, cuando había solicitado la presencia de los jesuitas para que se hicieran cargo de la Casa de Ejercicios Espirituales de San Francisco (Calle Blancos) en San José.  Pero la muerte repentina, en un accidente de aviación en Chontales, Nicaragua, del P. Bernardo Ponsol, Viceprovincial de Centroamérica y Rector del Colegio Centroamérica (Granada, Nicaragua), impidió responder a la petición de Mons. Sanabria.  En 1955, Mons. Rubén Odio Herrera pidió al Padre General de la Compañía de Jesús, P. Jansens, que enviara jesuitas a Costa Rica.  Ante dicha petición, el P. Agustín Bariáin, Viceprovincial de Centroamérica, visitó el país para ver las condiciones en las que llegarían y los ministerios a los que se dedicarían.  Se le ofreció la iglesia de Sabanilla o la iglesia de Lourdes, en Montes de Oca.  El P. Bariáin optó por la segunda.

Todo estaba previsto para que el P. Florentino Idoate llegara el 14 de enero de 1956; pero no fue sino hasta el día siguiente que arribó al país y fue a hospedarse a casa de don Jorge Blanco.  En los días siguientes, Mons. Rubén Odio Herrera le pidió que fuese a vivir al Palacio Episcopal.  Días después llegaron los padres Sebastián Mantilla Aguirre y el Álvaro Echarri Goicoechea.  El plan era que el P. Idoate se encargara de los estudiantes universitarios; el P. Mantilla trabajara con los alumnos de secundaria y el P. Álvaro Echarri atendiera los ministerios de la iglesia de Lourdes.  Meses más tarde se unieron al equipo sacerdotal los padres José María Gondra y Julián Cameno.  Así se formó la comunidad de jesuitas y establecieron su residencia en una casa alquilada situada frente a la Escuela Dante Alighieri.  Asumieron la atención pastoral de Lourdes el primer domingo después de las fiestas patronal (11 de febrero de 1956).

La Casa Cural se comenzó a construir pocos meses después y la construcción fue muy lenta.  Se llevaron tres años terminarla.  Se hizo un préstamo de 50,000 colones, a pagarlos en mensualidades y un hermano de doña Delfina Blanco de Collado en poco tiempo la terminó.

Después de varios años de labor pastoral, fue cuajando la idea de independizar la iglesia de Lourdes de la parroquia de San Pedro del Mojón.  Con vistas a este proyecto, el P. Segundo Azcue, Viceprovincial de Centroamérica, envió a comienzos de 1968 al P. Jenaro Chinchilla Cubero que se encontraba en la UCA de Managua (Nicaragua) trabajando como profesor, y al P. Luis Martínez Arnáiz que era profesor del Colegio Javier en Panamá.  El año anterior se había incorporado a la comunidad el P. Enrique María Laburu.  El P. Teodoro Bercedo García, que había sido expulsado de Cuba era el Superior de la Residencia.

Para el proyecto de erección de esta nueva parroquia, el 25 de enero de 1969 se firmó un contrato entre el señor Arzobispo de San José Mons. Carlos Humberto Rodríguez Quirós y el P. Segundo Azcue, Viceprovincial de Centroamérica, como representante de la Compañía de Jesús, por el cual los jesuitas se comprometían a atender la nueva parroquia de Nuestra Señora de Lourdes.  El acuerdo era por 10 años prorrogables.  Se forma así la Parroquia de Lourdes con las filiales de granadilla Norte de Curridabat, San Ramón de Tres Ríos, San Rafael de Montes de Oca, Cedros de Montes de Oca y Barrio Pinto de Montes de Oca.

El 11 de febrero de 1969, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, se hizo la erección de la nueva parroquia; para lo cual se contó con la presencia de Mons. Rodríguez Quirós, quien presidió la solemne Eucaristía, a las 11 de la mañana.  Se nombró como párroco al P. Teodoro Bercedo García (conocido como el P. Teodorito), quien falleció poco después, el 6 de julio de 1971.  Fue tan querido en la parroquia que sus feligreses lo enterraron al pie de la Gruta de la Virgen, costado norte de la iglesia.

El año 1970 vino a reforzar la parroquia el P. Manuel López Varona, que se encontraba trabajando en la Residencia de Jalteva, en Granada, Nicaragua.  Días antes el P. Enrique María Laburu había sido enviado a España.  Por estos mismos días regresó el P. Florentino Idoate, quien se había ausentado de la comunidad por un tiempo, para ir a fundar la UCA de San Salvador (El Salvador).

Entre los años 1971 y 1973 estuvo trabajando un Equipo Misionero por toda Costa Rica dirigido por el P. Juan Cruz Carricaburu como Superior y el P. Sebastián Puerto como Director de las Misiones.  Cada mes venían a descansar a la Residencia.  Cuando el Equipo se hizo muy grande fueron a hospedarse en el nuevo Colegio de Sión.  También el año 1971 llegó a la parroquia el P. Juan Manuel Artabe que se encontraba trabajando como Ecónomo de la Viceprovincia en Managua (Nicaragua).

Durante todo el mes de enero de 1969 con la ayuda de unas religiosas de El Pilar de Escazú y un grupo de Damas Vicentinas, apoyadas por unos 20 jóvenes bachilleres y universitarios, se hizo un censo completo del territorio que formaría la nueva parroquia, dirigido por el P. Luis Martínez.  Luego, durante unos seis meses hubo que completarlo y ordenarlo.  Fue un trabajo arduo pero produjo muchos frutos.  Por ejemplo, sirvió para demostrar la necesidad de una escuela en cada uno de los barrios más pobres; y con la ayuda de la parroquia cada uno de estos barrios construyó su propia escuela pública.  Así surgieron las Escuelas de Granadilla Norte, Cedros, Santa Marta, Barrio Pinto y Monterrey-Vargas Araya y en cada uno de estas escuelas funcionaba un comedor escolar.  Junto con las escuelas se hicieron los Centros Comunales: el de Vargas Araya, Cedros, Barrio González Flores.  Los barrios junto con la municipalidad aportaban la mano de obra y entre el Ministerio de Transporte y la iglesia los materiales.  Y de esa manera se hizo también el Colegio de Cedros.  La fuente de financiación de esas obras era un grupo grande de señoras trabajando en costura.

En 1970 un grupo de señoras dirigido por la Srita. Daniela Martínez Díez tomó un curso de costura dirigido por el INA y luego se comprometieron a repetir esas mismas clases gratuitamente en un salón que quedaba detrás de la iglesia de Cedros.  Para incentivar a las señoras pobres se les daba una ayuda de Cáritas y los retazos de tela que obsequiaban algunos almacenes y fábricas.  Con ese método se lograron graduar más de 600 mujeres en doce años.  Voluntariamente muchas de ellas confeccionaban prendas que luego vendían y aportaban en dinero suficiente para pagar el sueldo de un albañil y de un peón y comprar los materiales de la semana.  Esos mismos cursos los fueron danto en Vargas Araya, Lourdes, Santa Marta, Granadilla Norte y en otros barrios.

A comienzos de 1971 se comenzó a construir la iglesia de San Rafael de Montes de Oca.  El arquitecto Jorge Escalante regaló los planos.  El Sr. Carlos Rojas fue el maestro de obras y don Mariano Ulate su ayudante.  Gracias al entusiasmo y ayuda de don Manuel Sequeira, Mayordomo, y al apoyo de toda la comunidad, se echaron a andar las obras.  Pastoralmente esta comunidad era atendida por el P. Luis Martínez.  Se levantaron las paredes y al año siguiente fue nombrado encargado de esta comunidad el P. Javier Angulo, quien continuó la construcción poniendo el techo y un piso de cemento.  Así se comenzó a utilizar el templo para las celebraciones litúrgicas.

En 1973 el P. Angulo fue sustituido por el P. Juan Miguel Artabe.  Éste terminó el templo y continuó con la construcción de la casa cural.  Terminado el templo y la casa cural, se independizó de Lourdes y se erigió como nueva parroquia en 1975, con la filial de San Ramón.  El P. Juan Miguel Artabe, a título personal, fue el primer párroco hasta el día de su muerte en 1976.

En el campo educativo, la gran obra de la parroquia fue el ICER (Instituto Costarricense de Enseñanza Radiofónica).  En el año 1973 vinieron a la parroquia el P. Franz Tattembach y el P. Rogelio Pedrás Estévez que en República Dominicana habían dirigido unas escuelas radiofónicas con el sistema ECCA de las Islas Canarias.  Se unió a este grupo el P. Luis Martínez.  Durante este año se consiguieron los permisos con el Ministerio de Educación y los demás ministerios.  En el mes de enero de 1974 salieron al aire las primeras clases.

Hacia el mes de setiembre de 1977 el P. Luis Gutiérrez, párroco de Lourdes, compró al sr. Juan Días un lote grande detrás de la pequeña Ermita de madera y muy deteriorada que tenía la comunidad de Granadilla Norte de Curridabat.  En vez de reparar la ermita decidió que era mejor construir una nueva.  El dinero lo aportó la parroquia de Lourdes y tuvo un costo de 30,000 colones.  Los planos de esta iglesia los regaló el arquitecto don Carlos Rechnitz.   El 16 de enero de 1978 comenzaron las obras de la nueva iglesia.  Juan Vicente Andrade Barquero fue el maestro de obras, Rigoberto Agüero Guadamuz su ayudante y el P. Luis.  José Javier Garita Pereira era el Mayordomo.

Este mismo año, con la ayuda de las costureras de Cedros, se compró a don Elí Díaz un nuevo lote por 24,000 colones para construir el salón de catecismo.  Los días ordinarios venían a ayudar los niños y las niñas de la Escuela y los sábados y domingos había más de 20 hombres trabajando; y así, a finales de 1979 se acabó la obra de la iglesia y la del salón de catecismo.

En los primeros días de 1980, ayudado por un grupo de damas, el P. Luis Gutiérrez comenzó las obras para construir un Hogar de Ancianos. El año anterior este grupo de damas había comprado el terreno a la familia Cubillo.  Comenzó los trabajos con los mismos trabajadores que hicieron la iglesia de Granadilla.  Después de año y medio de trabajo, debido al encarecimiento de los materiales las obras se paralizaron.  Hubo que esperar dos año, hasta la llegada del P. Santiago Anitua como párroco de Lourdes, que continuaron las obras.  Para ello se formó un comité.  Luego llegaron tres voluntarios de Cedros: el sr. Fermín Abarca, su sobrino Marcos Abarca y Rigoberto Agüero que estuvieron trabajando dos años y ocho meses hasta que lo acabaron.

En 1984 en Cedros se alargó 12 metros la iglesia.  En seis meses se acabó totalmente la obra.  Toda la comunidad trabajó mucho.  Por esos días se urbanizaron varias fincas y creció repentinamente la población, surgiendo barrios nuevos.

En 1991 se integraron a la comunidad de jesuitas los PP. Juan de Dios Antolínez y Jesús Rodríguez Jalón, quienes se dedicaron a impartir cursos de capacitación social y fundaron, junto con doña Yolanda Rojas y otros colaboradores, el Centro Loyola, ubicado a 200 metros del templo parroquial de Lourdes.  Desde el Centro Loyola se impulsó la difusión de los Ejercicios Espirituales, tanto en retiro como en la vida corriente, así como la importante labor de formación a padres de familia en escuelas y colegios de varios lugares del país con el programa Escuela para Padres.  El trabajo en el campo de la espiritualidad derivó en la construcción de la Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola, en San Isidro de Heredia, que, después de muchas vicisitudes, se abrió al público el año 2000, siendo su primer director el P. Angel María Pedrosa.

Finalmente, para responder a las necesidades de la población migrante en el país los PP. Alberto López y Virgilio Suira, junto a un grupo de laicos, fundaron en el año 2005 el Servicio Jesuita para Migrantes, en el mismo lugar donde hasta ese momento funcionó el Centro Loyola.

Este escueto recorrido histórico, acompañado de unas pinceladas sobre la labor pastoral de los jesuitas en Costa Rica, nos ayudan a hacernos una idea de lo que ha significado la presencia de la Compañía de Jesús en nuestro país y de los aportes que desde una labor discreta y sencilla hemos dado a la Iglesia y al pueblo costarricense.  Desde los campos de la atención pastoral en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes; la atención espiritual, sobre todo con la dirección o acompañamiento espiritual y los Ejercicios Espirituales, en las diferentes modalidades; el trabajo educativo, especialmente en la construcción de escuelas y colegios, y desde el ICER; el trabajo en el desarrollo social de las comunidades; y muchos otros ministerios realizados, hemos puesto nuestro granito de arena en la construcción del Reino de Dios.