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junio 10, 2024 in Evangelios

Evangelio del 10 de junio del 2024

Lunes del X semana del Tiempo ordinario

Lectionary: 359

Primera lectura

1 Reyes 17, 1-6

Por aquel tiempo, el profeta Elías, del pueblo de Tisbé, en Galaad, le dijo al rey Ajab: “Juro por Dios, el Señor de Israel, a quien yo sirvo, que en estos años no habrá rocío ni lluvia, si yo no lo mando”.

Luego, el Señor le dijo a Elías: “Vete de aquí; dirígete hacia el oriente y escóndete en el torrente de Kerit, que queda al este del Jordán. Bebe del torrente y yo les encargaré a los cuervos que te lleven de comer”.

Elías hizo lo que le mandó el Señor, y se fue a vivir en el torrente de Kerit, que queda al este del Jordán. Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y por la tarde, y bebía del torrente.

Salmo Responsorial

Salmo 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8
R. (cf. 2) Siempre me cuidará el Señor.
La mirada dirijo hacia la altura
de donde ha de venirme todo auxilio.
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R. Siempre me cuidará el Señor.
No dejará que des un paso en falso,
pues es tu guardián y nunca duerme.
No, jamás se dormirá o descuidará
el guardián de Israel.
R. Siempre me cuidará el Señor.
El Señor te protege y te da sombra,
está siempre a tu lado.
No te hará daño el sol durante el día
ni la luna, de noche.
R. Siempre me cuidará el Señor.
Te guardará el Señor en los peligros
y cuidará tu vida;
protegerá tus ires y venires,
ahora y para siempre.
R. Siempre me cuidará el Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Mt 5, 12
R. Aleluya, aleluya.
Alégrense y salten de contento,
porque su premio será grande en los cielos.
R. Aleluya.

Evangelio

Mt 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

“Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes”.

Reflexión

Cuando Jesús sube a la colina y empieza a hablar a la multitud, está estableciendo un tipo de revolución espiritual. No una revolución de armas y violencia, sino una que transforma el corazón y la mente. Quiere  que las personas entiendan que el verdadero poder y bendición no vienen de la riqueza o el estatus, sino de una actitud interna de humildad y compasión.

Piensa en la gente que se siente más cercana a Dios cuando están pasando por dificultades. Jesús les dice que están bendecidos, no porque sus problemas desaparezcan mágicamente, sino porque en esos momentos de debilidad, encuentran una fuerza mayor en Dios. Es como si Él dijera que las bendiciones más grandes vienen cuando reconocemos nuestra necesidad de algo más grande que nosotros mismos.

Jesús también habla de consuelo para los que lloran y sufren. En la vida moderna, todos enfrentamos pérdidas y dolores. Pero Jesús nos asegura que no estamos solos. En esos momentos de tristeza, Él está presente, brindándonos consuelo y esperanza.

Luego, Jesús valora la mansedumbre. Hoy en día, puede parecer que solo los fuertes sobreviven, los que son agresivos y competitivos. Pero Jesús nos enseña que la verdadera fortaleza está en ser gentiles y pacientes, confiando en que Dios ve y recompensará nuestro carácter.

Jesús también nos anima a tener hambre y sed de justicia. Lo que significa que debemos ser apasionados por hacer lo correcto y buscar el bien en todas nuestras acciones. Pues en este mundo donde a veces parece que la injusticia prevalece, esta es una llamada a no rendirnos y seguir luchando por lo que es justo y verdadero.

La misericordia es otro punto clave. En nuestra sociedad, a menudo es fácil juzgar y condenar. Pero Jesús nos llama a ser compasivos, a perdonar y a ayudar a los demás. La misericordia no solo transforma a quienes la reciben, sino también a quienes la ofrecen.

En resumen, Jesús nos está invitando a un cambio radical en cómo vemos la vida y a los demás. Nos desafía a vivir con humildad, compasión, justicia y paz. No es fácil, pero es en este camino donde encontramos la verdadera bendición y realización.

Así que, cuando pensamos en este pasaje de la biblia de Mateo, no solo debemos ver las palabras como un conjunto de reglas, sino como una invitación a una vida más plena y significativa.




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