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junio 8, 2024 in Evangelios

Evangelio del 8 de junio del 2024

Memoria del Corazón Inmaculado de María

Lectionary: 358/573

Primera lectura

2 Tm 4, 1-8
Querido hermano: En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, te pido encarecidamente, por su advenimiento y por su Reino, que anuncies la palabra; insiste a tiempo y a destiempo; convence, reprende y exhorta con toda paciencia y sabiduría.

Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se rodearán de maestros que les halaguen el oído; se harán sordos a la verdad y sólo escucharán las fábulas.

Tú, en cambio, sé siempre prudente, soporta los sufrimientos, cumple tu trabajo de evangelizador y desempeña a la perfección tu ministerio.

Para mí ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 70, 8-9. 14-15ab. 16-17. 22
R. (cf. 15a) Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
Mis labios no han cesado de alabarte
y pregonan tu gloria todo el día.
Señor, en la vejez no me rechaces
ni me abandones, falto de energías.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
En ti, Señor, yo seguiré confiando,
y más y más te alabará mi boca.
Yo proclamaré siempre tu justicia
y a todas horas, tu misericordia.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
Tus hazañas, Señor, alabaré;
diré a todos que sólo tú eres justo.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.
La lealtad del Señor para conmigo
celebrará mi lira.
Al Santo de Israel, a ti, Dios mío,
cantaré con mi cítara.
R. Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Lc 2, 19
R. Aleluya, aleluya.
Dichosa la Virgen María,
que guardaba la palabra de Dios
y la meditaba en su corazón.
R. Aleluya.

Evangelio

Lc 2, 41-51
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

Reflexión

En el Evangelio de Lucas 2:41-51, se narra el episodio en el que Jesús, a los doce años, se pierde durante una peregrinación familiar a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Sus padres, José y María, después de un día de viaje de regreso a Nazaret, se dan cuenta de su ausencia y regresan a Jerusalén para buscarlo. Tras tres días de angustiosa búsqueda, lo encuentran en el templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. María, desconcertada, le pregunta por qué se ha quedado atrás, a lo que Jesús responde que debía estar en la casa de su Padre. Aunque no comprendieron del todo lo que quería decir, María guardó todas estas cosas en su corazón.

En nuestras vidas diarias , la historia de Jesús en el templo nos invita a reflexionar sobre las ocasiones en las que experimentamos confusión y angustia, particularmente en nuestras relaciones familiares. María y José, como padres, enfrentaron la preocupación y el desconcierto al no encontrar a su hijo. Este episodio resuena con nuestras propias experiencias de incertidumbre y búsqueda, ya sea al tratar de entender las decisiones de nuestros seres queridos o al enfrentar situaciones que escapan a nuestro control.

El Corazón Inmaculado de María, celebrado en esta memoria, nos ofrece un ejemplo de cómo enfrentar estas dificultades con fe y reflexión. María, aunque no comprendía completamente las palabras y acciones de Jesús, guardaba todo en su corazón. En nuestro día a día, podemos aprender de este acto de contemplación y confianza. En lugar de reaccionar con frustración o desesperación ante lo que no entendemos, podemos tomar un momento para reflexionar y confiar en el plan más grande que Dios tiene para nosotros y nuestros seres queridos.

Además, el pasaje nos recuerda la importancia de buscar a Dios en los momentos de confusión. Jesús estaba en el templo, en la casa de su Padre, participando en discusiones espirituales y creciendo en sabiduría. Esto nos llama a buscar respuestas y consuelo en nuestra fe, en la oración y en la comunidad. Así como María y José encontraron a Jesús en el templo, nosotros también podemos encontrar paz y dirección al acercarnos a Dios y a nuestra comunidad de fe.

Hoy, mientras celebramos la Memoria del Corazón Inmaculado de María, pensemos en cómo podemos imitar su ejemplo de reflexión y confianza. En nuestras relaciones y desafíos diarios, busquemos mantener un corazón abierto y confiado, dispuesto a guardar y meditar sobre las experiencias y las palabras de Dios. Al hacerlo, no solo encontraremos consuelo en momentos de incertidumbre, sino que también fortaleceremos nuestra fe y nuestra conexión con aquellos que amamos.




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