mayo 28, 2024 in Evangelios

Evangelio del 28 de mayo del 2024

Martes de la VIII semana del Tiempo ordinario

Lectionary: 348

Primera lectura

1 Ped 1, 10-16
Hermanos: Los profetas, cuando predijeron la gracia destinada a ustedes, investigaron también profundamente acerca de la salvación de ustedes.

Ellos trataron de descubrir en qué tiempo y en qué circunstancias se habrían de verificar las indicaciones que el Espíritu de Cristo, que moraba en ellos, les había revelado sobre los sufrimientos de Cristo y el triunfo glorioso que los seguiría. Pero se les dio a conocer que ellos no verían lo que profetizaban, sino que estaba reservado para nosotros. Todo esto les ha sido anunciado ahora a ustedes, por medio de aquellos que les han predicado el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo, enviado del cielo, y ciertamente es algo que los ángeles anhelan contemplar.

Por eso, viviendo siempre atentos y vigilantes, pongan toda su esperanza en la gracia que les va a traer la manifestación gloriosa de Jesucristo.

Como hijos obedientes, no vivan conforme a las pasiones que tenían antes, en el tiempo de su ignorancia. Al contrario, así como es santo el que los llamó, sean también ustedes santos en toda su conducta, pues la Escritura dice: Sean santos, porque yo, el Señor, soy santo.

Salmo Responsorial

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

R. (2a) Cantemos al Señor un canto nuevo.
Cantemos al Señor un canto nuevo,
pues ha hecho maravillas.
Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria.
R. Cantemos al Señor un canto nuevo.
El Señor ha dado a conocer su victoria
Y ha revelado a las naciones su justicia.
Una vez más ha demostrado Dios
su amor y su lealtad hacia Israel.
R. Cantemos al Señor un canto nuevo.
La tierra entera ha contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Que todos los pueblos y naciones
aclamen con júbilo al Señor.
R. Cantemos al Señor un canto nuevo.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros”.

Reflexión

Hoy, este mensaje de Marcos 10, 28-31 nos invita a reflexionar sobre los sacrificios que hacemos en nuestras vidas cotidianas. En una sociedad que valora el éxito material y las posesiones, seguir a Jesús puede significar tomar decisiones difíciles que no siempre son comprendidas por quienes nos rodean.

Pensemos en las decisiones que tomamos en nuestro ámbito familiar. ¿Cuántas veces hemos tenido que priorizar el bienestar espiritual de nuestra familia sobre las demandas de trabajo o el deseo de tener más comodidades? En el ámbito académico, los jóvenes enfrentan la presión de conformarse a las normas y valores de sus compañeros. Elegir el camino del Evangelio puede implicar enfrentar incomprensiones y críticas.

En nuestras relaciones sociales, defender los principios del Evangelio puede ser un acto de valentía. A menudo, somos llamados a ser testigos del amor y la justicia en situaciones de injusticia y desigualdad. Esto puede traer consigo desafíos y persecuciones, tal como Jesús menciona, pero también una profunda satisfacción y paz que el mundo no puede ofrecer.

Finalmente, recordemos que las recompensas de seguir a Jesús no siempre son materiales. La promesa de Jesús de recibir “cien veces más” puede manifestarse en formas de amor, paz, y comunidad que trascienden cualquier posesión material. Es un llamado a valorar lo intangible y eterno sobre lo temporal y material.

Enfrentemos las decisiones de hoy con la confianza de que, aunque los sacrificios puedan ser grandes, la recompensa en la presencia de Dios es infinitamente mayor.




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