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mayo 13, 2024 in Evangelios

Evangelio del 14 de mayo del 2024

Fiesta de san Matías, Apóstol

Lectionary: 564

Primera Lectura

Hch 1, 15-17. 20-26

En aquellos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos y dijo: “Hermanos, tenía que cumplirse aquel pasaje de la Escritura en que el Espíritu Santo, por boca de David, hizo una predicción tocante a Judas, quien fue el que guió a los que apresaron a Jesús. Él era de nuestro grupo y había sido llamado a desempeñar con nosotros este ministerio. Ahora bien, en el libro de los Salmos está escrito: Que su morada quede desierta y que no haya quien habite en ella; que su cargo lo ocupe otro. Hace falta, por lo tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno que sea de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba hasta el día de la ascensión”.

Propusieron entonces a dos: a José Barsabá, por sobrenombre “el Justo”, y a Matías, y se pusieron a orar de este modo: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra a cuál de estos dos has elegido para desempeñar este ministerio y apostolado, del que Judas desertó para irse a su propio lugar”.

Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles.

Salmo Responsorial

Salmo 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

R. (cf. 8) Lo puso el Señor entre los jefes de su pueblo.
Bendito sea el Señor,
alábenlo sus siervos.
Bendito sea el Señor,
desde ahora y por siempre.
 R.
R. Lo puso el Señor entre los jefes de su pueblo.
Desde que sale el sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
Dios está sobre todas las naciones,
su gloria, por encima de los cielos.
 R.
R. Lo puso el Señor entre los jefes de su pueblo.
¿Quién hay como el Señor,
¿Quién iguala al Dios nuestro,
que tiene en las alturas su morada,
Y sin embargo de esto,
bajar se digna su mirada
para ver tierra y cielo?
 R.
R. Lo puso el Señor entre los jefes de su pueblo.
El levanta del polvo al desvalido,
y saca al indigente del estiércol,
para hacerlo sentar entre los grandes,
los jefes de su pueblo.
 R.
R. Lo puso el Señor entre los jefes
 de su pueblo.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Jn 15, 16

R. Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor,
para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.
R. Aleluya.

Evangelio

Jn 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.

 

Reflexión

En el Evangelio de Juan 15, 9-17, Jesús nos ofrece una enseñanza profunda sobre el amor y la elección divina, en un contexto que resuena con especial claridad al celebrar la fiesta de San Matías apóstol. Jesús nos dice: “Como el Padre me ha amado, así también yo los he amado; permanezcan en mi amor.” Esta declaración establece un fundamento sólido para la vida cristiana: el amor que fluye del Padre al Hijo y del Hijo a nosotros es la esencia de nuestra existencia y misión.

Jesús nos invita a permanecer en su amor, lo que implica una relación continua y dinámica con Él. Este permanecer no es pasivo; se manifiesta en la obediencia a sus mandamientos, especialmente al mandamiento de amarnos unos a otros como Él nos ha amado. Este amor no es simplemente un sentimiento, sino una acción concreta y sacrificial, reflejo del amor de Cristo que da su vida por sus amigos.

En este contexto, celebramos la fiesta de San Matías, quien fue elegido para completar el número de los Doce, después de la traición y muerte de Judas. La elección de Matías, como se narra en los Hechos de los Apóstoles, fue un acto de discernimiento y confianza en la voluntad divina. Los apóstoles, tras orar y confiar en la guía del Espíritu Santo, eligieron a Matías, subrayando que el apostolado es un llamado divino, no una elección humana.

Jesús enfatiza en este pasaje que no somos nosotros quienes lo elegimos a Él, sino que es Él quien nos elige a nosotros, y nos destina a llevar fruto, fruto que permanezca. Esta elección es un llamado a una misión fructífera, enraizada en el amor y la fidelidad a Cristo. Nos recuerda que cada uno de nosotros, al igual que Matías, es llamado por Dios con un propósito específico, y que nuestra vida debe reflejar ese amor divino a través de acciones concretas de servicio y amor hacia los demás.

Al reflexionar sobre estas palabras, somos invitados a contemplar la profundidad del amor de Dios en nuestras vidas y cómo estamos llamados a reflejar ese amor en el mundo. Celebrar a San Matías nos inspira a responder a nuestro propio llamado con fidelidad y alegría, confiando en que, al permanecer en el amor de Cristo, llevaremos frutos abundantes que glorificarán a Dios.

Este pasaje nos desafía a vivir de manera activa y comprometida, abrazando el amor de Dios y permitiendo que transforme cada aspecto de nuestra vida. Nos llama a ser verdaderos discípulos, dispuestos a amar como Jesús amó, y a reconocer que, en nuestra elección divina, se encuentra la fuente de nuestra misión y propósito en el mundo.

 




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