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octubre 16, 2023 in Evangelios

Lecturas del día 19 de octubre de 2023

Primera lectura

Rom 3, 21-30
Hermanos: La actividad salvadora de Dios, atestiguada por la ley y los profetas, se ha manifestado ahora independientemente de la ley. Por medio de la fe en Jesucristo, la actividad salvadora de Dios llega, sin distinción alguna, a todos los que creen en él.

En efecto, como todos pecaron, todos están privados de la presencia salvadora de Dios; pero todos son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención llevada a cabo por medio de Cristo Jesús, al cual Dios expuso públicamente como la víctima que nos consigue el perdón por la ofrenda de su sangre, por medio de la fe.

Así nos enseña Dios lo que es su actividad salvadora: perdona los pecados cometidos anteriormente, que soportó con tanta paciencia, y nos da a conocer, en el tiempo actual, que él es el justo que salva a todos los que creen en Cristo Jesús.

¿En dónde quedó, pues, tu derecho a gloriarte? Ha sido eliminado. ¿Por cumplir la ley? De ninguna manera, sino por aceptar la fe. Porque sostenemos que el hombre es justificado por la fe y no por hacer lo que prescribe la ley de Moisés. ¿Acaso Dios es Dios sólo de los judíos? ¿No lo es también de los no judíos? Evidentemente que sí, puesto que no hay más que un solo Dios, que justifica por medio de la fe tanto a los judíos como a los no judíos.

Salmo Responsorial

Salmo 129, 1-2. 3-4b. 4c-6
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti;
Señor, escucha mi clamor;
que estén atentos tus oídos
a mi voz suplicante.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Si conservaras el recuerdo de las culpas
¿quién habría, Señor, que se salvara?
Pero de ti procede el perdón,
por eso con amor te veneramos.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Confío en el Señor,
mi alma espera y confía en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
mucho más que a la aurora el centinela.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Aclamación antes del Evangelio

Jn 14, 6
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Nadie va al Padre, si no es por mí, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio

Lc 11, 47-54
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: “¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.

Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas.

¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso”.

Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.

Palabra de Dios, te alabamos Señor.

Reflexión

La carta a los Romanos fue escrita por el apóstol Pablo para abordar preocupaciones teológicas y prácticas en la comunidad cristiana de Roma. Esta epístola explica cómo la fe en Jesucristo tiene implicaciones revolucionarias para la relación del creyente con Dios. El Evangelio de Lucas, por otro lado, es una narración detallada sobre la vida de Jesús y sus interacciones con los líderes religiosos de su tiempo.

En Romanos 3, 21-30, Pablo revela la maravillosa verdad de que la justicia de Dios está al alcance de todos, no por mérito humano, sino por la fe en Jesucristo. Esta enseñanza es fundamental porque rompe con la noción de que uno puede ganar el favor de Dios a través de las obras de la ley. Más bien, es el acto redentor de Cristo lo que nos justifica.

El Salmo 129 es un lamento de alguien que ha sido afligido desde su juventud, pero confía en que, a pesar de todo, Dios cortará las cuerdas de los malhechores. La naturaleza persistente de la opresión en contraposición con la liberación divina es el tema central.

En el evangelio según Lucas 11, 47-54, encontramos a un Jesús que interactúa y desafía constantemente a los líderes religiosos de su tiempo, los fariseos y los expertos en la ley. Este pasaje en particular está situado en un contexto donde Jesús está denunciando la hipocresía y las prácticas corruptas de estos líderes.

Jesús confronta a los líderes religiosos por su veneración superficial de los profetas del pasado, mientras que al mismo tiempo, ellos mismos están rechazando y persiguiendo a los profetas de su propio tiempo. Es una denuncia directa de su incoherencia: honrar a los profetas muertos mientras persiguen a los vivos. Es también una crítica a una religiosidad que está más interesada en las apariencias y en la tradición que en la verdadera justicia y misericordia.

El pasaje nos llama a una introspección profunda sobre la forma en que vivimos nuestra fe. Es fácil caer en la trampa de la “religiosidad” – seguir rituales y tradiciones sin comprender o vivir su verdadero significado. Jesús desafía esta superficialidad, instándonos a vivir nuestra fe con autenticidad y coherencia. También es una llamada a reconocer y aceptar la verdad, incluso cuando es inconveniente o incómoda.

Hoy en día, es común que la gente se adhiera a las formas externas de religiosidad sin una comprensión o compromiso genuino con sus principios subyacentes. Esto puede manifestarse en la asistencia regular a servicios religiosos sin una verdadera transformación del corazón, o en la proclamación de creencias sin vivirlas en la vida diaria.

El desafío de Jesús a los líderes religiosos de su tiempo es igualmente pertinente para nosotros hoy. Nos invita a examinar críticamente nuestra propia vida y prácticas, a buscar coherencia entre nuestras palabras y acciones, y a vivir nuestra fe con autenticidad y convicción.

Además, este pasaje nos recuerda la importancia de estar abiertos a las voces proféticas en nuestra propia época, aquellas que nos llaman a la justicia, la misericordia y la verdad. En lugar de rechazar o silenciar a aquellos que nos desafían a crecer, deberíamos escuchar con corazones abiertos, dispuestos a cambiar y transformarnos.

En resumen, Lucas 11, 47-54 nos desafía a evitar la complacencia y la hipocresía en nuestra vida espiritual y nos insta a vivir una fe genuina y auténtica que se refleje en todas nuestras acciones.




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